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Aunque hay numerosas variedades que
proporcionan el fruto ovalado o esférico, si queremos describir al
aguacate ajustándonos a su aspecto más corriente, habremos
decir que tiene "forma de pera". Su corteza, generalmente leñosa,
es de color verde brillante -clara u oscura según la casta a que
pertenece-, y su pulpa, mantecosa y compacta, es en algunos casos ligeramente
verdosa y casi siempre de color blanco amarillento. En su interior se aloja
una gran semilla amarilla, recubierta por una fina capa leñosa de
color marrón que la aísla de la carne. Su peso generalemente
oscila entre los 200 y 400 gramos.
El aguacate no es una fruta en el sentido
vulgar de la palabra, pues carece de los sabores mínimos exigibles
más o menos dulces o ácidos de las frutas y, aunque se trata
de una verdadera "fruta fresca", su forma de consumirse la aparta
de manera terminante de las frutas en general. Incluido en las ensaladas,
picado en las sopas, o simplemente extendido sobre una tostada de pan con
el adimento de un poco de sal y zumo de limón, y aun comido cucharada
a cucharada en la misma cáscara, partido previamente por la mitad
y salándolo ligeramente. |